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Thor love and thunder: el cine de autor que le queda a Marvel

Podemos dejar algo en claro desde un inicio: Taika Waititi es un director con un estilo que ha sabido impregnar en todas las producciones que dirige. Probablemente no las he visto todas, sin embargo, desde “What we do in the shadows” (2014) entendí que su estilo era no tomarse las cosas tan en serio en absolutamente nada y es ahí donde radica mucho de su ingenio. Esto no quiere decir que sea banal o imprudente en sus comentarios, sino que es su forma de decir las cosas… ¿y va contar algo serio? ¡No!

“Thor Ragnarok” (2017), significó un cambio de tono radical de la visión de Keneth Branagh, de lo shakespiriano y oscuro, al humor estrambótico y bobo. El ragnarok, para todos los que nos lo tomábamos en serio, era el Apocalipsis de la mitología nórdica y fue liderado por Odín mismo. Por supuesto que Waititi no respetó nada de esto y entendió que se trataba de una adaptación cinematográfica.

Alberto Chimal, escritor mexicano en una entrevista me comentó que para realizar una adaptación cinematográfica de un cómic el director y escritor debían tener claro las directrices que ambos lenguajes tienen, con esto trataba de decir que el traslado del original al cine puede ser muy distinto y no quiere decir que el resultado, en caso de que no respete su origen, esté mal hecho o que deba ser desacreditado al ser dos formas de comunicación distintas.

“Thor: amor y trueno” junta al personaje de Migthy Thor (Natalie Portman) y adapta el cómic de Jason Aaron: Carnicero de dioses, de donde sale el villano Gorr (Christian Bale). Thor (Chris Hemsworth) se rehabilitó de la depresión que lo llevó al peso donde se encontraba en la última película de Los Vengadores y se junto con los Guardianes de la Galaxia. Pronto se entera que Gorr está asesinando a dioses menores y que se dirige hacia la eternidad. Por lo que va y le pide ayuda a Zeus (Russel Crowe) para juntar un ejército. El dios del trueno es banal y desinteresado por los intereses humanos por lo que le niega la ayuda. Así que irá tras el carnicero de dioses con su implacable equipo.

Sí, sí tiene una historia. Este balance que consigue Taika que no tuvo en Ragnarok es muy bueno, donde también logró amalgamar perfectamente una visión oscura del villano Gorr con el humor desenfadado del cual dotó a Thor desde Ragnarok. Podemos decir que Waititi es un autor de cine interesante porque su estilo visual y humor, tiene la característica de adaptarse a lo que Marvel quiere hacer la mayor parte de sus películas: ser chistoso.

El director sabe introducir perfectamente el delineado de los personajes de los cuales perdimos pista hace varios años para ponernos en el contexto de su regreso, pero también situación personal y emocional actual. Sí, me refiero a Jane Foster… esto sirve perfecto para aquellos que no han visto ninguna de las anteriores. Esto para mí es tener respeto por todo los tipos de audiencia que va a ver su película.

Ahora bien, el villano. Gorr es un personaje que tiene un arco bastante genérico; me refiero a que es predecible, por lo menos más que el de Hela (Cate Blanchet) y también mucho más desarrollado. Es aquí donde me fijé que Taika había aprendido de sus errores y nos describe las motivaciones de un malo con un poco más de desarrollo que solamente el de una hija vengativa que regresaba como berrinche a destruir todo. Gorr tiene un rencor palpable que lo está llevando a hacer lo que hace, incluso en contra de sí mismo. Dicho sea de paso, Christian Bale lo hace extraordinario como villano: da miedo, impone y sí se siente como una amenaza real contra la que se nota será una vileza cruenta y resentida. Los motivos de este villano son bastante fuertes y eso es muuuuy bueno.

Cómo lo comenté en un inicio, Taika no se toma en serio nada y si vas a ir al cine a ver una fiel adaptación del Carnicero de dioses como historia cruda y oscura, pues, vas a salir bastante decepcionado. Sin embargo, si esperas divertirte y ver una aventura más de Thor; la vas a disfrutar demasiado.

Al final “Thor: amor y trueno” logra un balance bastante bueno entre la forma y el fondo. Taika no deja de lado ambos, pero tampoco abandona su humor tan característico que lo hace ser un director autoral con un estilo específico que le queda como traje a la medida a Marvel.

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Luis Toriz

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Everything, everywhere, all at once… esto sí es un multiverso de la locura

Alguna vez François Truffaut en la introducción para su libro: El cine según Hitchcock, escribió que en la época actual (1974), si de pronto el cine se viera desprovisto de efectos especiales, sonidos o banda sonora y que volviese a ser solo el cinematógrafo que fue entre 1895 y 1930… muchos directores modernos tendrían que cambiar de oficio, pero que también muy pocos serían herederos de una firma visual pura. Aquí colocó a Alfred Hitchcock como uno de los pocos directores de cine que se le considera heredero de una verdadera pureza visual cinematográfica.

Ahora bien, no pretendo decir que el cine de ahora sea mediocre o algo así (no directamente), sino que el séptimo arte se ha vuelto tan dependiente de tantos elementos que envuelven la experiencia que nos olvidamos de lo que realmente es: una experiencia audiovisual básica que resulta en lo emocional.

Los Daniels en el 2016 crearon una de las películas más locas, irreverentes pero también más conmovedoras con Swiss Army man con Daniel Radcliffe y Paul Dano. Una metáfora sobre la valoración de la vida misma desde la propia perspectiva de la muerte literal. ¡Hermosa!

Hoy 2022, esta pareja creativa vuelve a hacer de las suyas con Everything, Everywhere, all at once (2022) y, lo escribo tan seguro que me pueden reclamar que… este sí es un Multiverso de la locura y no patadas creativas sobre un tema tan complejo de la física cuántica.

Evelyn (Michelle Yeoh) es una mujer inmigrante china que con su familia: hija, esposo y padre, que deben enfrentar la vida diaria con un negocio para sobrevivir, por supuesto pagar impuestos pero aparte de todo; sobrellevar los problemas familiares que da la propia existencia. En un hoyo emocional, Evelyn se da cuenta o le dicen que ella es la llave para acabar con un mal que está creciendo no solo en su universo, también en todo el multiverso.

No hay duda alguna en mí que esta es una película que debes descubrir por sí solo. Lo que puedo decir es que ahonda demasiado en situaciones emocionales complejas del ser humano como sus fallas, aciertos y hubieras, que puede marear un poco; todo este viaje emocional lo enmarca con un tema cuántico por las diferentes posibilidades, pero en la que nosotros solo colisiónamos en una, la nuestra; gracias siempre a nuestras Micro decisiones en la vida diaria.

Este multiverso de posibilidades está revestido con guiños a películas, que resultan ser homenajes bien logrados porque también, aunque no son la parte central de la historia del personaje de Evelyn, tienen un arco bien desarrollado y completo. Estos comentarios referenciales resultan ser no solo eso, sino que demuestran que los escritores y directores se dedicaron realmente a explorar las diversas opciones multiversales de su personaje principal… eso es bello por si solo, pero complementan también de forma consistente la parte medular de la historia principal; que aunque ya está cargada con sus problemas propios, debe cargar con las de otros universos.

Todo lo anterior resulta en un caos, como lo sería un rompecabezas sin armar sobre la mesa, pero, con todas las piezas acomodándose para ser visto completado por primera vez. Así, las decisiones del cada día van formando nuestro propio universo, pero también el de los demás. Porque también la película toca temas como la intolerencia, la insatisfacción personal o la decepción por las expectativas tan altas que nos establecemos sobre nosotros mismos o los que nos rodean. Eso que decimos, hacemos hacia otros también los va empujando a tomar decisiones que formará su propio universo… y así.

Everything, Everywhere, all at once es una película que sí es un desborde de imágenes, personajes y versiones de estos que pueden marear al espectador, sin embargo los directores son tan conscientes de esto que logran centrar al personaje principal en su versión más importante con el puro uso de la imagen: hay planos y colores que son de un solo universo, objetos de otro, etcétera. Esto resulta en una maestría puramente visual que no te dicen con algún subtítulo, porque el uso del audiovisual es tan efectivo que no requiere de más efectos que lo acompañen, eso para mí, Truffaut y Hitchcock… es cine en su más pura expresión.

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Luis Toriz

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La civil, el terror de ser un ciudadano promedio en México…

El Festival de Cannes dio una ovación de pie de más de ocho minutos a Arcelia Ramírez, actriz mexicana que interpreta a Cielo, una madre a la que le es arrebatada su hija menor de edad por el crimen organizado en la ciudad de Durango.

Con un guion de Habacuc Antonio de Rosario, Teodora Mihai, una directora rumano- belga, logra plasmar al México más agreste de todos. No el de la casa azul de Frida Khalo, tampoco el que tiene una de las maravillas arqueológicas del mundo antiguo y mucho menos el país que tiene una de las gastronomías más ricas del mundo, ese no.

Teodora y Antonio, logran capturar en un solo personaje lo que miles de familias mexicanas en todo el país, unos más que otros, viven gracias al reinado de los cárteles de crimen que imperan en muchas zonas. La impunidad, la mediocridad y la burocracia en los procesos legales, sin mencionar los compromisos que el gobierno pacta con el crimen organizado, son llevados a cabo por medio de la ficción en La civil.

El tratamiento dentro del guion de Antonio es inteligente porque aunque hace una severa crítica dentro de la propia ingobernabilidad mexicana y la ineficiente capacidad de los gobiernos “soberanos” de cada uno de los estados, también critica, desde una perspectiva mucho más comprensiva, al ciudadano promedio. Aunque las acciones de Cielo (Arcelia Ramírez) son resultado de la ineficacia para hacer un cumplimiento de la ley y hacer valer los derechos de los ciudadanos; la doble moral del personaje también refleja la falta de integridad que todos los civiles podemos tener o tenemos al momento de confrontarnos con esa rara mezcla entre la corrupción, la inseguridad y la impunidad; porque en México, no todos somos santos ni todos corruptos… Somos reaccionarios a un sistema que hemos vivido y sufrido por décadas.

Al estar viendo La civil, las imágenes de películas que habitan este mismo universo y que dialogan con la misma realidad venían a mi mente: “Sin señas particulares” de Fernanda Valadéz con el guion de Astrid Romero, “Sanctorum” de Joshua Gil y la serie de Netflix “Somos”. La mayoría de todo este material es hecho por mujeres, que no es raro, son las que en la práctica y no solo en título, llevan los pantalones en la familias mexicanas. Son las madres desesperadas las que se ponen las armas y salen en busca de una absolución definitiva a un duelo complicado con sus hijos, hijas, padres, hermanos, abuelos, etcétera.

Este conjunto de películas que entablan un discurso real con el espectador mexicano plasman de manera fehaciente el peligro que representa ser un civil en México. Me refiero incluso a los 153 periodistas muertos en lo que va del 2022,12 de estos han sido mujeres. Sin contar los ciudadanos que desaparecen cada día. Según el periódico «El economista» en un artículo del 2021, cada día desaparecen 23 personas en la administración de Andrés Manuel Lopez Obrador. En total han desaparecido y sin ser encontrados: 22,946 personas (cifras hasta el 30 de agosto del 2021).

Los números son escalofriantes y superan Incluso a los de los civiles muertos en la invasión rusa a Ucrania, donde recientemente su número más alto son 3,541… ¡en una guerra! Entonces, actualmente ¿en qué estado estamos hoy en día en México? Las muertes y desapariciones diarias no se comparan con los de una guerra civil, tampoco con los de una guerra… ¿Qué pasa en México?

Aunque La civil no responde esta pregunta, le pone una voz más a la situación que México vive en la actualidad con una gran dirección de Teodora Mihai y actuaciones magistrales de Arcelia Ramírez y Álvaro Guerrero.

Teodora Mihai no le da miedo ni tampoco le tiembla la cámara para plasmar la violencia silenciosa pero sufrida a voces por los mexicanos. Es interesante como la directora no señala pero sí puntualiza con severidad culpas, no sólo al gobierno, también todos los que habitamos este país. Su forma de manejar la cámara pone al espectador en una experiencia inmersiva y al mismo tiempo, lo coloca como un testigo de todo lo que estamos viendo.

Repito, no le da miedo en plasmar una realidad sangrante, pero siempre desde la mirada de la ficción, lo que me parece su más interesante. Aunque se siente cercano, hay un filtro de ficción, lo cual se agradece. ¡Es una de las mejores películas que veremos este año!

Estreno en cines el 19 de mayo y es de Cine Canibal.

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Los secretos de Dumbledore, la mejor de la trilogía.

Los secretos de Dumbledore

Es simplista poder pensar que la nueva trilogía del Wizarding World, el universo que antecede lo que vimos en Harry Potter, es solamente una sola historia, es más compleja que un joven atormentado por el abandono o una historia de amor.

Lo que me queda claro es que tanto “Animales fantásticos y donde encontrarlos” y “Los crímenes de Grindewald” no sabían qué rumbo tendrían. El personaje que habían planteado con Credence, que creíamos sería el central, incluyendo uno de los sucios secretos de la familia Dumbledore, aunque tenía personalidad, no tenía rumbo. El romance Tina/Newt, la verdad es que sin personalidad, sin química y si estaban o no junto pues daba igual. El camino que había tomado Queenie al final de la segunda entrega fue absurdo y digamos que el inicio en estas dos primeras partes era ambiguo.

Con “Los secretos de Dumbledore” la historia comienza a tomar una personalidad, aún no tiene el rumbo que debería. Esta tercera parte se encarga de cerrar los hilos que las otras dos habían creado fallidamente. Aquí todo se enfoca en la imposibilidad que Albus tiene para matar a Gellert. Aunque debo aceptar que Newt Scamander no es mi personaje favorito, aquí es el conducto de Dumbledore para derribar el plan de Grindewald para dividir al mundo mágico.

La subtrama sobre las ideologías totalitarias y las políticas divisoras es interesante y aunque es apenas una ligera exploración, creo que es un gran reflejo de la sociedad tan dividida en la que nos hemos convertido. Pienso que si la historia se comienza a ir más por ese lado puede que sea un camino correcto.

Recordemos que estas historias, desde la segunda parte, son historias mucho más adultas. No están enfocadas en los niños y aunque sí tienen elementos que la podrían llevar por ese lado, todo eso ha sido disminuido en beneficio del desarrollo más político de los personajes principales; que es aquí donde falla tremendamente “Los secretos de Dumbledore”.

El guion de Steve Kloves se toma el tiempo de cerrar historias y arcos dramáticos, eso lo arrastra toda la película; al mismo tiempo da la sensación de que quiere abarcar mucho, pero no hay de otra, se deben de concluir y arreglar lo que los guiones de Rowling, sin Kloves; hicieron.

Ahora, muchos dicen que no hay secretos de Dumbledore y que el título es un mero bait para atraer al espectador, sin embargo, no es así. Recordemos el libro que escribe Rita Skeeter en la saga de “Harry Potter”, según este libro habla sobre qué Dumbledore mató a su hermana a propósito y aquí lo aclaran. Me refiero a que ahondan en la problemática familiar de Albus y su hermano Aberfoth, los conflictos que los llevaron al distanciamiento que se veía en HP.

La película en términos generales es lenta porque se toma el tiempo necesario de concluir personajes e historias y trata de abrir los nuevos hilos que serán centrales en las próximas dos entregas. No es mala, pero se sigue sintiendo como una película de transición y, para ser una tercera parte, eso va en detrimento de su arco narrativo.

Los secretos de Dumbledore no sólo son los de Albus, es lo que engloba a toda su familia. Está llena de conflictos familiares, amorosos, política y corrupción… tiene de todo. En lo personal a mí me ha gustado y creo que es la mejor de las tres, porque se ha deshecho de los pesos que la bajaban en su historia y hasta ahora se enfoca en tomar un rumbo fijo.

Luis Toriz

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La peor persona del mundo, Joachim Trier regresa a lo básico.

Conocí el trabajo Joachim Trier por Reprise, una ópera prima interesante que tuvo una proyección en ese entonces durante la muestra de la Cineteca Nacional.

La historia me impresionó porque obviamente la narrativa era diametralmente distinta a lo que se acostumbra ver. Su estilo era desde entonces contar dos historias: Dos amigos escritores que, después de escribir un manuscrito cada uno, lo entregan a la misma editorial, el mismo día. Uno de estos es publicado y el otro no.

Joachim Trier que también es el guionista, coloca a sus dos protagonistas en una coyuntura moral y llena su forma con canciones que para ese momento de la historia encajan perfectamente bien. El director sabía cómo lograr un cierto humor en el espectador por medio de un delineado de los personajes, no solo minucioso, sino también desenfadado. Esta característica es exaltada con la selección musical.

Joachim Trier ya trazaba desde entonces personajes erráticos, más aún a su protagonista. El actor Anders Danielsen Lie, que también aparece en “La peor persona del mundo”, interpretaba a Phillip, el joven autor publicado que cambia totalmente su vida gracias a que se vuelve famoso y deja atrás todo lo que lo definía tanto personal como profesionalmente.

Después de explorar otro tipo de historias y también incursionar en el género del terror sobrenatural, Joachim vuelve a un inicio, donde sus personajes son probados moralmente y erráticos en todas sus formas. También recurre de nueva cuenta a una voz como narrador que nos va contando en tercera persona todo lo que pasa con el protagonista, como si de un cuento se tratara.

La peor persona del mundo está dividida en en doce capítulos, un prólogo y un epílogo, por los cuales vemos la evolución de Julie, una mujer joven que no sabe lo que quiere. Un día quiere ser doctora, al otro psicóloga para después decidirse por la fotografía; esta indecisión la lleva al terreno de los sentimientos.

Aunque sí la historia amorosa es importante, es aún más relevante el ejercicio introspectivo que Julie tiene durante toda su historia contada por el narrador. Lo interesante es cómo esta joven es consciente de su notable inmadurez y de la afectación que va causando a la personas que se van involucrando con ella.

Joachim Trier vuelve a lo básico de su cine: contar historias con coyunturas morales que ponen a su personaje en serios problemas por medio de un soundtrack llamativo y ligado por capítulos. También este estilo rememora un poco al cine de su tío Lars von Trier, quien también regularmente divide sus películas en segmentos para llevar a un epílogo que aunque es el fin de la película, indica que no lo es tanto de su protagonista.

El discurso que Joachim Trier tiene con su espectador con esta película es reconociblemente peculiar para quien lo hemos seguido de cerca, para los que apenas lo descubrirán verán en él a realizador bastante maduro que ha sabido perfeccionar su técnica y narrativa inicial en favor de un estilo que al final de cuentas pertenece a un autor de lo personal e íntimo.

ESTRENO 17 MARZO 2022
Luis Toriz

Por Luis Toriz
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MEMORIA «Un viaje onírico, contemplativo y sumamente profundo nos regala su director Apichatpong Weerasethakul»

Cuando pensamos en cine de autor de contemplación, muchas veces nos vienen a la mente propuestas aburridas e incomprensibles. Es cierto que la audiencia no está familiarizada con películas lentas, de observación detenida y de apreciación más allá de un argumento descifrable. Con Memoria sucede un caso particular, pues no es necesario encontrarle una lógica a la historia, sino de abrazar un viaje hacia el centro de uno mismo, de exploración emocional y espiritual.

Para poder sintetizar la historia, tenemos a Jessica (Tilda Swinton), botánica británica establecida en Colombia, quien despierta una noche escuchando un sonido como de otro mundo. Tras este suceso, sigue escuchándolo, y decidida, se encamina a descifrar su origen, lo que la lleva a situarse en el corazón de la selva misma de Bogotá. El sonido solo lo puede escuchar ella, y pareciera que su realidad va cambiando conforme se acerca más a obtener respuestas.

La sinopsis luce intrigante y misteriosa, con más incógnitas que réplicas, y es precisamente estos elementos los que permean a lo largo de sus 136 minutos de duración. Ya que, al finalizar la proyección, la conclusión pareciera no contar con lógica o sentido alguno, lo que probablemente no vaya a satisfacer o gustar a la mayoría de la audiencia.

Desde el inicio, debemos tomar muy en cuenta que Memoria nos va demandar un estado emocional sereno, con una calma y paciencia excepcionales para lograr conectar con ella. Y podría firmemente considerarla como una cinta netamente contemplativa, con una lentitud en su trama y puesta en escena, que ya no se logran ver en el cine por más de autor e independiente que puedan ser.

El cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul no solo dirige, sino escribe un guion enteramente soportado por la destacable participación de Tilda Swinton. Jessica logra ser una mujer tan pasiva y en paz, que incluso con el misterio que carga en su vida, no se logra inmutar y mantiene su entereza. Y justo en el momento preciso, suelta con todo lo que ha estado sobrellevando. Una vez más podemos corroborar el enorme talento de la inglesa.

Como apartado técnico, debo subrayar la cinematografía y particularmente la puesta en cámara, pues al ser una temática de drama, con toques de ciencia ficción, pero más importante, con un tono reflexivo, el lente siempre se ubica en una lejana distancia a los personajes. Con encuadres y escenas fijas de larga duración, el director desea que percibamos el tiempo a su manera, que vivamos cada segmento a como lo hacen los personajes. Algo sumamente complicado de empatar con el espectador.

Memoria definitivamente no va ser una propuesta del agrado de todos, pero si logras conectar, relajar tu ser y no exigir una respuesta a lo que simplemente no lo va tener, puedes disfrutar de una de las películas más arriesgadas de los últimos años, tanto en forma como en fondo. Y quizá al salir de la función, tu estado de ánimo se beneficie con la tranquilidad que acaba de experimentar.

SINOPSIS «Desde que se sobresaltó con un fuerte «bang» al amanecer, Jessica (Tilda Swinton) no puede dormir. De visita en Bogotá para ver a su hermana hospitalizada, se hace amiga de Agnés (Jeanne Balibar), una arqueóloga que estudia restos humanos descubiertos dentro de un túnel en construcción. En un pequeño pueblo cerca del sitio del túnel, Jessica se encuentra con Hernán (Elkin Díaz), un pescador con ideas excéntricas. Compartendo recuerdos junto al río, descubre el inesperado origen del ruido que no la deja dormir.»
Carlos Huerta

Por Carlos Huerta de Cine En 70mm.
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La Gran Libertad

Las historias de amor son complicadas, pero cuando son frustradas por situaciones más ajenas de su control, se vuelven más complejas. “La Gran Libertad” entiende perfectamente eso y hace un retrato íntimo de una realidad.

En la Alemania de posguerra, la liberación por parte de los Aliados no significaba libertad para todos. Hans Hoffmann (Franz Rogowski) es encarcelado una y otra vez bajo el párrafo 175, una ley que penaliza la homosexualidad. A lo largo de décadas, desarrolla un vínculo improbable pero tierno con su compañero de celda Viktor (Georg Friedrich), un asesino convicto.


Basada en hechos reales, el director Sebastian Meise regresa de otra intermitencia y evidencía que sus pausas no afectan en nada a su conocimiento y calidad cinematográfica. Sumerge su historia en un ambiente horrible y monótono de una prisión, pero lo llena de pequeños gestos tiernos que son duramente castigados para Hans Hoffman. Una historia de contrastes y negaciones que muestra varias posturas y nos guía hacía una libertad inminente, pero que pone en duda la verdadera libertad interna. Un ejercicio ejecutado de la mejor manera y que demuestra problemas que se siguen viviendo en la actualidad.

La licencia poética de Sebastian Meise, y encanto que tiene este filme, es su juego narrativo detonado en el confinamiento solitario, dónde este lugar funge como una máquina del tiempo narrativa para relatar con un mayor peso dramático las situaciones de estos presos a través del tiempo.

Este drama de la posguerra depende de sus entornos y actores, quienes hacen un trabajo espectacular como Anton Von Lucke, Thomas Prenn y Georg Friedrich, sin embargo el reflector completo recae en Franz Rogowski quien consigue un tono perfecto en su protagonismo lleno de momentos felices y frustrados.

“La Gran Libertad” es un gran ejemplo de una historia memorable en su sencillez, además de llevar el estandarte del cine LGBT. Una historia verídica que merece ser escuchada.

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Elvis, la fuerza de dos hombres

No soy fan de Baz Lurhman como director, aunque debo decir que reconozco una firma en sus películas: tiene un estilo visual grandilocuente y gariboleado que sí llena la pantalla… en resumen, hace que sus películas sean dignas de verse en el cine. También puedo reconocer en él que tiene una gran habilidad para llenar de modernismo lo vintage y hacer una rara mezcla anacrónica.

Tampoco soy fan de Elvis. Conozco sus canciones más representativas y sé perfectamente que es un icono cultural norteamericano que ha trascendido varías generaciones, sin embargo, no es un cantante que escuche regularmente. Conocí más ahora de su vida con esta película que lo que sabía antes de esta.

Ya con las debidas aclaraciones debo decir que Elvis de Baz Luhrman es un trabajo visual y cinematográficamente relevante que llena de banalidad la humanidad y carencias del ser humano que fue Elvis Presley. Todo el artilugio visual que ves en pantalla distrae de lo emocionalmente relevante. Me refiero a la adicción a las drogas, la soledad por estar lejos de su familia, los excesos del medio, el divorcio con Priscilla… todo esto que pienso es relevante se difumina con el brillo del barroquismo de la forma de Luhrman. Este atascado de formas, brillos y exageración solo lo hace presuntuoso, pero creo que ahí radica la grandeza de su director.

Había momentos que debían ser muy emotivos, dolorosos e incluso penosos y no me comunicaron ninguna emoción o empatía por el personaje de Elvis, simplemente las cosas pasaban y ya. Tampoco significa que la película sea mala, dista mucho de serlo; Baz Luhrman debía adaptar su estilo en beneficio de lo que se quería contar para que el relato tomara más relevancia que todo el brillo y la exageración visual.

Retomando las escenas más emblemáticas de Elvis: Austin Butler lo hace extraordinario y aunque no se parece a Elvis, como espectador compras esta fantasía porque lo rememora en muchas maneras. Pasa lo mismo que con Mi semana con Marilyn (2011) de Simon Curtis, Michelle Williams no es nada Marilyn Monroe pero, sin duda la evoca, transporta al espectador y lo conecta con la esencia de lo que era la imagen de Marilyn.

Tom Hanks como Tom Parker, representante de Elvis, te deja sin palabras. Sabes que es Hanks pero se convierte en de inmediato en tu mente en acaparante representante. Tom Hanks es inigualable.

Elvis es en todo sentido digna de ver y de visitar varias veces sin ninguna duda. Aunque pienso que falla un poco en dejar comunicar las emociones que se ven ahogadas entre tanta parafernalia visual de Luhrman. Es grande, visual y probablemente lo mejor del director a la fecha.

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90 días para el 2 de julio es minimalismo cinematográfico con una complejidad emocional, enorme

El término de un ciclo emocional ya sea tan corto o largo como haya sido, siempre duele. Es cierto que a veces nos enamoramos de una persona, de lo que nos transmite en los momentos que la vemos. También es verdad que la compañía se vuelve necesaria en algún punto de esa pequeña historia. Pero es certero que la historia de dos personas no puede tener solo un participante, sino sería un monólogo.

90 días para el 2 de julio no es la idílica historia de amor que muchas películas nos hacen creer. No. Es todo menos eso. Es la idea que nos creamos sobre alguien por solo pequeños instantes que pasamos juntos. Es la ausencia que nos marca, no por la herida en sí, sino por la persona per se.

La mayoría de las veces que salimos con alguien entendemos que es una participación mutua en todo aspecto, aunque después la realidad te golpea un poco con la verdad, a veces esa relación que idealizas es solo un reflejo de tú propia soledad y terminas siendo tu el único participante.

Rafael García logra construir una ficción basada en hechos reales… porque así es la vida y el cine. Con muy pocos elementos nos cuenta una historia sumamente emotiva, minimalista pero también muy efectiva. El personaje principal tiene tanta fuerza que las situaciones nunca son aburridas o intranscendentes al traspasar al terreno de lo personal, emocional, al
mismo tiempo de lo traumático de las relaciones afectivas.

Luis (Armando Espitia) es un joven de veinte años que debe permanecer encerrado en un departamento tres meses hasta el 2 de julio porque se encuentra envuelto en una relación con Andrés, un hombre comprometido y candidato a presidente municipal por un partido conservador. Luis debe estar desconectado y alejado de todo para que no sea expuesto a la cantidad de información, pero tampoco al engaño emocional encubierto al que, por un hombre ejemplar, es sometido.

El personaje de Luis resume en muchos sentidos lo nocivo que pueden ser las relaciones sentimentales. Un juego del poder que toma lugar entre dos personas cuando se asumen roles y papeles para que la maquinaria de la relación funcione a la perfección. Andrés engloba el sometimiento emocional, el que ejerce el poder, pero no con la fuerza bruta, sino con la coerción emocional y eso es aún más violento que un golpe a puño cerrado.

La película tiene la destreza de delinear a dos personajes: uno desde los planos expresivos y medios, pero a otro desde la ausencia total del plano. El espectador solo es capaz de ver la destrucción de uno hacia el otro por medio de ver los restos de Luis regados por un solo set de filmación.

90 días para el 2 de julio no es una película físicamente violenta, pero sí emocionalmente reveladora. Muestra esa cara de las relaciones que pocas veces vemos y de la que casi nunca nos percatamos hasta mucho tiempo después. Con un montaje sencillo, desenfadado, Rafael construye un personaje dentro de un torbellino de ilusiones, emociones y transgresiones emocionales. Una película tremendamente ingeniosa y dolorosa.

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Lightyear, el viaje Interestelar más emotivo

Seguimos con el viaje nostálgico con muchas películas y aunque pensábamos que Toy Story con su universo ha inacabado, pues no. En 1995 comenzamos un viaje con Woody y Buzz y los terminamos en 2019 con Toy Story 4 y conocemos el final.

Lightyear, es una especie de spinnoff de Toy Story de John Lasseter y nos muestra las imágenes que ocasionó que Andy se emocionara tanto con el personaje de Buzz, personaje principal de esa película. Lo que vemos en el cine es precisamente esa historia que vio ese niño en 1995… de alguna manera todos somos Andy; en ese momento y desde ahí ya comienzas a conectar con la película.

Lo que tiene Lightyear que cautiva a su espectador es una nostalgia mencionada, pero no abusa de ella; sino que logra crear la propia con el personaje de Buzz y algunos nuevos que aparecen como un verdadero comando estelar que tanto oímos mencionar por muchos años. Todo envuelto en una historia que involucra viajes interestelares, la teoría de la relatividad y un fuerte mensaje de amistad y trabajo en equipo.

La verdad no tengo nada que reprocharle a Lightyear, nada absolutamente. Tiene todo lo necesario en su cantidad perfecta para poder conectar con el espectador que ha seguido al personaje durante tanto tiempo y cautivar a las siguientes generaciones. Tiene una mezcla rara entre Interestelar de Christopher Nolan, Gravity de Alfonso Cuarón y el toque de Pixar.

Su discurso sobre aprovechar el presente soltando el pasado para crear un futuro es muy bueno y sabe sustentarlo de forma sorpresiva con giros interesantes que demuestran cómo muchas veces somos nosotros mismos nuestros propios enemigos.

Al mismo tiempo sus ideas acerca del trabajo en equipo y como intentar brillar solo sin saber delegar responsabilidades, pero también confiando en tu propio ego puede arruinarte absolutamente todo ocasionando quedarte solo contigo mismo, pero tampoco acompañado de tu mejor versión. Algo que hace muy bien Lightyear es que logra entablar un discurso amistoso efectivo y nostálgico, sin caer en los excesos, con sus fans pero también con sus hijos por medio de un juego ingenioso que logra crear con el concepto del tiempo y eso lo aplaudo.

Angus MacLane logra escribir una buena historia con base a la ciencia y teorías que todos conocemos pero aterrizadas a un lenguaje muy sencillo que logra ligar perfectamente con las emociones sin sobre explicar demasiado y es ahí donde el juego del tiempo y las nuevas conexiones emocionales con un nuevo espectador entran magistralmente sin notarse forzado en ningún momento.

Ahora bien, el tema que ha alebrestado a mucha gente en el mundo: el beso gay entre una pareja homo parental. Creo que en estos tiempos los niños, adolescentes y demás, en la actualidad han alcanzado a ver cosas peores y sus padres no han estado ahí para explicárselos. Aquí la guía debe venir de los papás para poder dar razón de lo qué pasa y porque, aunque los niños y adolescentes actuales saben más de eso que nosotros. Así que sí, aunque dura un segundo, no más, está presente pero tampoco es para alarmarse, es al inicio de la película y pasa casi desapercibido. Creo que el tema se aborda desde una trinchera muy lateral que no toma protagonismo, por lo tanto, resulta al final irrelevante, aunque también era innecesario.

A fin de cuentas lo bueno pesa más en Lightyear que lo que pudiéramos encontrar mal. La aventura, la amistad, la ciencia, el trabajo en equipo y la lealtad son conceptos bastante fuertes que logran que la película emotiva, brillante, inteligente, pero también, nostálgica.

¡YA EN CARTELERA!

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Capital

El documentalista, Javier Toscano, vuelve con su perspectiva muy particular del cine y pone en la mesa dos grandes nombres, Sergei Eisenstein y Karl Marx.

Tal como indica Toscano, “Capital” es un ensayo cinematográfico que busca reconstruir el proyecto abandonado de Sergei Eisenstein para llevar a la pantalla la obra central de Karl Marx, “El Capital”.

En un estilo de documental y homenaje al cine de Sergei Eisenstein, Javier Toscano hace un acercamiento muy interesante de apuntes y anotaciones de Eisenstein y Karl Marx, haciendo mancuerna con un material audiovisual de todas las partes del mundo y de distintos tiempos. Agresivo, impactante, divertido, crítico, filosófico y reflexivo son varias de las facetas que va poniendo en este ensayo que son acompañados por los textos originales de estas figuras rusas.

Pero al mismo tiempo de ser un homenaje, es una aclaración de poner a estos seres que vemos inalcanzables a nuestro mismo nivel en un lenguaje cinematográfico como el de los inicios del cine hasta el de nuestra actualidad. El lenguaje sonoro está en esta misma ruta, donde las voces son distintas, la música ironiza situaciones y también es ensordecedor como este ritmo y estilo de vida capitalista.

La oportunidad de intercambiar varios diálogos con Javier Toscano después de ver este proyecto ayudó también a retroalimentar partes del desarrollo y su inquietud por hacer un cine distinto que nos habla en otro idioma a lo acostumbrado y que estos proyectos abandonados de cineastas, escritores o artistas glorificados también son personas con las mismas capacidades que nosotros.

Podría decirse que el discurso no ha cambiado después de 100 o más años, y “Capital” es un ejemplo perfecto de ese trabajo finalizado a través de muchos ojos y experiencias.

Este minucioso, obsesivo y muy divertido e interesante ensayo luce en su propia frescura e impacto visual y sonoro, haciéndolo único en un momento de poca creatividad. Podrá pecar un poco de ser reiterativo en sus últimos minutos, pero su corta duración comparada con largometrajes la hace ser directa y concisa. 

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Éxodo: La Última Marea

El director, Tim Fehlbaum, se parafrasea nuevamente en una cinta post apocalíptica, con un toque de ciencia ficción espacial. ¿Será ahora la fórmula correcta?

Cuando la Tierra se volvió inhabitable para los humanos, la élite gobernante se asentó en el planeta Kepler 209. Pero su atmósfera vuelve estériles a los nuevos habitantes. Dos generaciones más tarde, un programa determinará si la vida en la tierra es posible nuevamente: se supone que la Misión Ulises II traerá la certeza de conseguirlo. La cápsula espacial se sale de control cuando entra en la atmósfera terrestre, y la astronauta Blake (Nora Arnezeder) es la única que sobrevive al aterrizaje, pero se da cuenta de que no está sola en la Tierra. Entrometiendose en una lucha por la supervivencia, Blake debe tomar decisiones que determinarán el destino de toda la humanidad.

Después del desastre de Fehlbaum en Hell, prueba suerte con esta nueva cinta que emula el pasaje bíblico del Éxodo en un planeta Tierra completamente devastado después de dos generaciones (muy rápido para ser sinceros). En un inicio, la película muestra intenciones destacadas, pero los absurdos de desarrollo narrativo, poca credibilidad del entorno y el guion predecible hacen esta experiencia un filme más carente de vida.

A pesar de ser un filme con varias secuencias de acción, estas son anti climáticas por la floja edición y las actuaciones inertes de Nora Arnezeder e Iain Glen. Independientemente de la incongruencia, el diseño de producción y la dirección de arte son los destacados de este largometraje, luciendo escenarios imponentes y absorbentes, que son desaprovechados en la tímida fotografía, al limitarse con planos cerrados y no aventurarse a unos tiros angulares para presumir sus valores técnicos.

El compositor alemán, Lorenz Dangel, continúa agregando musicalizaciones en cintas de ciencia ficción, sin embargo, su trabajo persiste en su estilo apagado y de acompañamiento dramático. Un resultado olvidable más en su mancuerna con Tim Fehlbaum.

“Éxodo: La Última Marea” es un filme con un mensaje de buenas intenciones que es opacado por su pobre dirección, pobres esfuerzos técnicos y actuaciones desangeladas. 

Marks Caudillo

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Reseña: El Hoyo en la Cerca

Crítica, realidad y desigualdad son los temas que Joaquín del Paso pretende mostrar en esta cinta, sin embargo, otros temas se manifiestan de maneras agresivas en este largometraje hipnotizante.

En un campamento espiritual organizado por una escuela privada religiosa de puros varones, “El Hoyo en la Cerca” nos sumerge en una situación de aprendizaje dónde estos jóvenes adolescentes presencian la realidad de México de maneras muy “surreales”.

Después de su cinta “Maquinaria Panamericana”, Joaquín del Paso regresa con su segundo largometraje y ahora con una historia de vivencias personales embarrado con un dilema de clases sociales. Sin embargo, los discursos que pretende mostrar son ambiguos y carentes de sólidez al ser opacados por el misterio, horror y suspenso que no llega a un verdadero conflicto y que simplemente queda en el imaginario del director. Tomando en cuenta que esta película no tiene un verdadero protagonista.

Con un estilo art horror, Joaquín del Paso, nos hace partícipes de este campamento que va presentando momentos de tensión que pudieron ser mejor explotados y que nos encarrilan a una crítica social caótica poco elaborada, aprovechando del impacto visual pero carente de narrativa.

Un reconocimiento indiscutible, es su logro como producción al trabajar con más de 30 niños preadolescentes por más de un mes para realizar esta cinta y alcanzando actuaciones naturales y creíbles de personas de estos círculos y desenvolvimientos.

Así como el desempeño de producción, el trabajo de Alfonso Herrera Salcedo como director de Fotografía es crucial para el estilo narrativo de la cinta, creando atmósferas visuales poderosas y un lenguaje poco común en la fotografía de nuestro país.

Los ya famosos compositores Kyle Dixon y Michael Stein (Stranger Things) aportan sus peculiares ritmos sintetizados a esta película creando un ambiente espeso y fantástico. Tuve la oportunidad de que Joaquín del Paso me compartiera su desarrollo creativo al trabajar con Dixon y Stein, y la facilidad de crear algo adaptado a nuestra localidad y creando este misterio con jóvenes adolescentes es interesante. Sin embargo, un tanto desaprovechado, ya que su material no es constante en el filme.

“El Hoyo en la Cerca” es una cinta que demuestra muchos valores sobresalientes para la industria mexicana de cine, pero al mismo tiempo el hacer una historia excesivamente personal y con conflictos abordados de manera media, la alejan de una verdadera contundencia.

Por Marks Caudillo

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Jurassic World: dominion… los dinosaurios toman el control… ¿o el aburrimiento?

¿Alguna vez te haz imaginado lo que pasaría si los dinosaurios tomaran el control de la cadena alimenticia?

Los humanos y los dinosaurios no coincidieron en tiempo y espacio en la tierra. El periodo triásico pertenece a la era mesozoica hace 228 millones de años. Mientras que los humanos llevamos máximo de 200,000 a 300,000 millones de años en la faz de la tierra. Por algo no coincidimos con ellos, sabemos quien es el más fuerte.

Es lógico pensar que la raza humana con toda su inteligencia y tecnología quiera descubrir un periodo del cual es totalmente ajeno, pero no solo eso, que causa una curiosidad y fascinación extraordinaria. El ADN de los dinosaurios es inexplorado y podría significar avances genómicos muy avanzados para la raza humana. ¡No lo sabríamos!

Michael Crichton escribió “Parque Jurásico” en 1990 y de inmediato Universal Pictures compró los derechos para poder realizar una adaptación cinematográfica en 1993 bajo la dirección de Steven Spielberg. La historia se convertiría en una saga duradera, redituable y con altibajos que hasta el día de hoy seguimos padeciendo.

La historia la podemos diseccionar en dos trilogías. Primero Jurassic Park en 1993, luego Lost World en 1997(ambas dirigidas por Steven Spielberg) y Jurassic Park 3 de Joe Johnston y las tres con guiones del mismo Michael Crichton.

Después en el 2015 Jurassic World, bajo la dirección y guion de Colin Trevorrow, la franquicia tuvo una resurrección inesperada con 1.6 billones de dólares y se convirtió en la segunda más taquillera de la franquicia. En el 2018 J.A Bayona toma la batuta direccional con un guion de Colin Trevorrow y la película logra recaudar 1.3 billones de dólares en todo el mundo, aunque no fue del gusto de la crítica y tampoco, al final de todo, del público.

Esta fluctuación de crítica e ingresos en esta segunda trilogía hacía de «Jurassic Park: Dominion«, una de las más esperadas del 2022. Aunque la segunda entrega no nos dejaba del todo satisfechos, Colin Trevorrow regresa al mando para, no sé si reparar lo que se había hecho mal, creo que no; porque Dominion pierde tiempo con un guion absurdo, plano y además poco interesante.

Se supone que los dinosaurios aquí toman el control de la cadena alimenticia y vuelven al ser humano un eslabón más, la capacidad de adaptabilidad de este determinará si es el predominante o no.

El problema con Dominion es que no hace uso efectivo de sus elementos nostálgicos que, de alguna manera, eran su carta fuerte. La historia toma dos caminos: el de Claire (Bryce Dallas Howard) y Owen (Chris Pratt) en busca de Maisie Lockwood (la clon de Charlotte Lockwood). Al mismo tiempo el de Grant (Sam Neil) y Ellie (Laura Dern) junto con Ian Malcolm (Jeff Goldblum) para detener la crisis alimenticia que gracias a las alteraciones genéticas en los alimentos, las langostas terrestres se hicieron más grandes y están causando una falta de semillas y alimentos primarios para la supervivencia del ser humano (esta segunda tesis me parece aún más interesante que la primera).

Una cosa es un hecho, la película quiere abarcar mucho y no desarrolla absolutamente nada y el dominio de los dinosaurios pasó a un segundo plano. Los personajes de la adolescente clon y su madre no nos interesaron antes, pero tampoco los hicieron más interesantes ahora. Nunca se siente el peligro de qué pasaría si los dinosaurios realmente reinaran nuevamente la tierra. Toda la historia está en querer salvar a la niña de esta empresa genómica que la necesita por ser una llave clave en el descubrimiento genético en humanos.

Igual que en otras películas recientes como “Doctor Strange en el multiverso de la locura»de Sam Raimi (2022), alguien quiere a la niña que es clave para lo que sea y salvar al mundo o al universo, etcétera. ¿De verdad no saben otra?

¿Tiene buenas escenas de acción? Sí. ¿Los efectos visuales son buenos? Sí. ¿Hay escenas chistosas? A mí no me causaron nada.

Si me preguntan hoy de que trató Jurassic World: Dominion, pues les diría que no me acuerdo realmente de nada relevante. Es más, no sé si fue entretenida o no porque la historia me perdió desde el minuto 30 y las siguiente tres medías horas me aburrí de forma magistral. Tampoco es que me haya encantado que volvieran los personajes de la primera trilogía. Se notan débiles en su trasfondo, tampoco nos preocupan y lo que ellos estaban tratando de evitar sí resultaba más interesante de desarrollar que rescatar a una adolescente caprichosa que nos hace perder el tiempo para algo que se pudo haber hecho mejor.

Al final Jurassic World: Dominion no termina de dominar la pantalla ni al espectador. Es en muchos momentos excesivamente aburrida, poco interesante; aunque sí con buenas escenas de acción, pero, sin historia todo es olvidable y nada trascendente para ser, según esto: «la épica conclusión al mundo jurásico»

Luis Toriz

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