Paletas en la boca… cómo hemos normalizado conductas ilícitas

Pocos podríamos pensar que una de las obras más pulcramente escritas de la literatura como lo es “Lolita” de Nabokov estaría inspirada en una tragedia de una adolescente de 12 años que fue secuestrada más de dos años por Frank La Salle, un ex convicto por pederastia que salió libre bajo libertad condicional en 1948.

Vladimir Nabokov no oculta que su historia de “Lolita” se encuentre basada en una historia oscura como es la de Sally Horner que, lejos de gozar de la admiración y adoración de un hombre, sufrió violaciones y privaciones de la libertad siendo una menor de edad.

La historia de Nabokov es uno los libros más leídos, recomendados y también ha sido adaptado, nadie niega la calidad de pluma que significaba el escritor, ni ayer ni ahora. Lo que sí se pone en tela juicio, a la luz de los años, es su consciente romantización de abuso sexual infantil.

Aunque sus dos adaptaciones cinematográficas edulcoran las situaciones de violación y abuso bajo un filtro de coqueteo y romance juvenil, el tema es evidente, pero también poco se habla de la normalización que la hipersexualidad infantil ha tenido en ciertas producciones cinematográficas.

Stanley Kubrick realizó una excelente adaptación de Humbert por medio de Jeremy Irons, quién interpreta a un hombre de 52 años que se encuentra enamorado de su hijastra. Sin embargo, sí analizamos, y no a mucha profundidad, la ligereza con la que el abuso es abordado es incluso hasta ofensivo por su diabólica omisión, si tomamos como base el crimen sobre el que está basado. En ambas producciones se culpa a la joven adolescente de provocativa y sensual en relación al siempre inocente Humbert que arde en silencioso deseo por la joven que no cesa de provocarlo.

Desde los posters se coloca a una joven con un caramelo en la boca (con evidentes insinuaciones sexuales), unos lentes oscuros a media mirada, la cual se puede interpretar como provocativa en el contexto de la historia. Cabe mencionar que la historia siempre es contada a través de los ojos de su protagonista hombre, nunca se enfoca en la perspectiva de la joven, simplemente vemos lo que Humbert quiere ver, su utópico romanticismo con una adolescente a la cual le triplica la edad.

Ahora bien, si está historia les parece pasada de moda, hay una más reciente que muchos alabaron por contar con una cinematografía impecable. No es nuevo que para contar una historia que romantiza el abuso infantil tenga características visuales y artísticas de muy buen gusto. “Call me by your name” de Luca Guadagnino (2017) basada en la obra literaria de André Aciman es una historia que incluso ganó el Óscar como mejor adaptación, lo cual habla de una minuciosa pulcritud en su versión cinematográfica.

La calidad de ambas producciones no se pone en entredicho, lo que sí se cuestiona es la calidad moral de sus historias. No estoy diciendo que de no existir estas películas se eliminaría la pedofilia de la faz de la tierra, estamos lejos de eso, sin embargo, sí resultan ser apologéticas en su tesis en una perspectiva que exalta y edulcora al pedofilo.

La misma sociedad hollywoodense que ha cancelado a grandes directores como Woody Allen por abuso sexual, exaltan trabajos literarios y cinematográficos que acarician el delito en la subtextualidad con temas sexuales ilícitos entre hombres evidentemente más maduros que sus “enamorados”, ocultando siempre la edad dentro de las historias o dejándolas ver como irrelevantes o sin importancia, en comparación con el relato amoroso e ideal que viven ambos personajes.

Ahora, no lo veamos desde el punto de vista de una sociedad norteamericana en decadencia, veámoslo a través de los ojos de un víctima de abuso sexual infantil, también víctimas del mismo consumismo mediático.

“Leaving neverland”, un documental de Dan Reed que basa su tratamiento con base de entrevistas a Wade Robson y James Safechuck.

Ambos actores, en ese momento infantiles, relatan de forma muy puntual y descriptiva los abusos sexuales que Michael Jackson cometía contra ellos. Ambos han reconocido que no entendían lo que pasaba en ese momento, simplemente se vieron abrumados por la cantidad de lujos que ellos y sus familias recibían a cambio de que, cada noche, separados de sus padres por alas completas de la residencia, pasarán la noche con Michael Jackson.

A la luz del tiempo, estas dos víctimas cuentan que en ese preciso momento el abuso para ellos no existía, simplemente estaban enamorados de Michael. De este modo, no podemos re victimizar a las víctimas culpándolos de omisión del delito y como cómplices de su propio abuso. El abusado no está consciente del daño que está sufriendo, pero el abusador sí.

Wade y James cuentan en lágrimas la decepción amorosa cuando vieron que fueron cambiados por otro niño (Maculay Kulkin) con el que Michael aparecía en público en las alfombras rojas donde era invitado. Ahí fue cuando se dieron cuenta que sufrían por el rechazo que sistemáticamente perpetraban los medios por medio de noticias de un secreto a voces del abuso que Jackson cometía a todas luces, pero al que todos desviaban la mirada.

La apología del delito también es un delito penado en la ley. Probablemente en muchos países por su cultura se les permita el contacto sexual con menores de edad aunque sea después del matrimonio y en esos casos pueda ser discutible al ser aprobado de manera social y familiar, pero también con la plena conciencia de los implicados, en este caso los menores de edad.

Los tiempos actuales se acercan, ayudados por grandes movimientos en redes sociales como #MeToo, a tomar cada vez más conciencia acerca del abuso sexual normalizado que la sociedad a permitido se infiltre como un modo de acceso a la fama o a la expresión de los talentos. De este modo también ahora enfrentamos otro problema del que después escribiremos: La doble moral en una industria que basa su sistema en el abuso omitido y en la silenciación de sus víctimas.

LUIS TORIZ

Por: Luis Toriz
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