Cry Macho, la deconstrucción del machismo según Eastwood

Si hay una figura en Hollywood que represente al cowboy duro e inquebrantable, y enaltezca las virtudes de una masculinidad al estilo norteamericano, ese es Clint Eastwood. Sus roles como el Hombre Sin Nombre en la trilogía spaghetti western de Sergio Leone o su implacable agente policial Harry Callahan en la saga de Harry el Sucio lo ponen como uno de los actores que representa la virilidad y fortaleza del ‘macho’.

Pero ahora, Eastwood decide romper con esos parámetros al adaptar la novela de N. Richard Nash publicada en 1975 titulada ‘Cry Macho’, mismo que originalmente era una idea para una cinta pero que no encontró el apoyo para ser realizada y que topó con pared dos veces en la industria del cine. Una en 1991 que involucraba al actor Roy Scheider y otra en el 2011 que marcaría el regreso a la actuación por parte de Arnold Schwarzenegger después de su paso como gobernador de California.

Ahora, de la mano de Clint, la adaptación de esta aventura nos presenta al vaquero veterano Mike Milo (el mismo Eastwood) que tendrá que emprender un viaje a México para llevarse al hijo de su ex patrón (Dwight Yoakam) a casa, alejándolo de los problemas y de su madre alcohólica. Pero es en este camino en que el jinete encuentra cierta redención en su vida al mostrarle al joven lo que es ser un buen hombre y que ser ‘macho’ y rudo es algo sobrevalorado.

No cabe duda que esta gran figura del cine tiene un gran toque detrás de cámaras. Sin embargo, parece que en este relato ubicado en la década de los 80s en nuestro país, Eastwood no se toma ni la más remota molestia en tratar de averiguar o reproducir de forma adecuada ese momento en México, llevándonos por zonas áridas, casi desérticas, pueblos casi abandonados y llenos de clichés como los mexicanos sombrerudos, botudos y con cara de rudos, estereotipos clásicos de cómo se percibe a los pobladores del sur de su frontera.

Este es posiblemente el mayor punto en contra que tiene la historia, misma que hace buenos intentos en desmitificar y deconstruir la imagen de aquel Eastwood de los westerns en un enfoque del género un tanto más actualizado en el que la fotografía de Ben Davis resalta bastante, más allá de seguir la idea de esos clichés ya mencionados y por demás conocidos.

Por otra parte, la historia también muestra puntos irregulares ante la presencia de Rafo (Eduardo Minett), quien tiene un carismático gallo de pelea llamado Macho y que idolatra la figura del hombre rudo, teniendo la creencia de que ciertos patrones son los que hacen a los hombres de verdad, ironizando un poco en los diálogos que tiene, siendo un punto de conexión para el rudo y anciano americano que no habla ni de milagro español.

Curiosamente es la química entre Eastwood y Minett lo que más resalta, más allá de las simplificaciones de los temas que intenta sensibilizar. Cuando ambos están en pantalla, la cinta logra buenos momentos. Esa relación entre el viejo que comienza a reencontrarse consigo mismo, cambiando sus valores gracias a este joven y viceversa, porque Rafo ve en él el sueño americano y alguien admirable, la definición corpórea del macho, que no necesariamente lo es.

Esas cuestiones en el guion también llegan a ser interesantes pero no tan bien llevadas. Incluso el desenlace de este drama se siente abrupto, hasta moralino. Pero tampoco podemos dejar de lado la maestría con la que este veterano relata una historia acerca de encontrarse, de aceptar la fragilidad masculina y, sobre todo, de mostrar a un Clint diferente, relajado, que podrá vernos a través de su mirada de buen republicano pero que no deja de lado el factor humano.

Así, el llanto de este ‘macho’ se convierte en una cinta que no es de las mejores de su realizador ya entrado a los 90 años, pero sí es un filme en el que nos muestra una fase más tranquila que recuerda a esos viajes donde los veteranos aprenden un poco de sus vidas, similar a Nebraska de Alexander Payne o Una Historia Sencilla de David Lynch. Eastwood decide mostrarnos ese lado donde los hombres también se enamoran, cambian y se reencuentran, bailan y recuerdan que el concepto de masculinidad no se pelea con la sensibilidad, pero sobre todo que nunca es tarde para deconstruir al machismo. Incluso si eres Clint Eastwood.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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