Los Lobos, el aullido de una infancia perdida

El reflejo de la condición humana y una visión bastante íntima, a veces hasta autobiográfica, es algo que se caracteriza en el trabajo como realizador de Samuel Kishi Leopo. Desde aquel corto en que reflejaban un acto tradicional cultural mexicano en Memoria Viva (2006), pasando por la diferencia de idiomas que servía como motivación para conquistar a una bailarina exótica en Luces Negras (2009) hasta llegar a la emotiva relación entre un joven amante del rock y su abuela en Somos Mari Pepa (2013), su ópera prima de ficción.

Después de seis años, Kishi Leopo terminó su segundo largometraje llamado Los Lobos, que en febrero del 2020 fue galardonada con el Gran Premio del Jurado Internacional en la sección Generation KPlus, dedicada al cine internacional de última generación, del Festival de Cine de Berlín además de su exitoso paso por festivales mexicanos como Guanajuato, donde se llevó el gran premio al Mejor Largometraje de Ficción México.

Con este gran cartel y enfrentando los retrasos en su estreno debido a la pandemia, llega por fin a carteleras esta cinta donde el realizador mexicano nos mete de lleno al relato de una familia compuesta por Max y Leo, dos hermanos que de la mano de su madre, Lucía, deciden cruzar la frontera entre México y Estados Unidos con tal de ir en busca de una vida mejor y nuevas oportunidades.

Pero para ellos, como para todos los migrantes, no es fácil establecerse en un nuevo hogar. Los días se hacen largos para este par de jóvenes que no pueden salir de su pequeño cuarto mientras esperan que su madre regrese del trabajo, manteniéndose a flote con la promesa que ella les hizo de ir a Disneylandia.

Este encierro aunado a la sensación de buscar y cumplir un sueño provoca que los hermanos generen un mundo imaginario en el cual, cual pequeña manada de lobos, se defienden, se unen y estrechan los lazos con todo y la dificultad de estar en un país, en un lugar y en una situación que les resultan completamente ajenas.

Mediante su guion, basado en ciertas experiencias que vivió el mismo Kishi Leopo, podemos ver desde una mirada inocente pero perdida este fenómeno migratorio y las secuelas que deja en un par de niños cuyo único sueño es llegar a un parque de diversiones de ensueño. Gran parte de la historia, los vemos inventar juegos entre ellos, crear cuentos y tratar de aprender el idioma inglés gracias a los mensajes básicos que les deja su mamá en una grabadora.

Es a través de este enfoque con aires de inocencia donde el pasar de los días transcurre para Max y Leo en un relato descrito por el director como ‘una carta de amor a su infancia y a su madre’, haciendo de este segundo largometraje un proyecto igual de personal como lo fue ‘Somos Mari Pepa’ y la relación del realizador con su abuela.

Incluso, en la partitura y musicalización de Los Lobos, también se nota este vínculo al volver a trabajar con su hermano menor, Kenji Kishi, dotando a esta nueva obra de Samuel de un enfoque muy íntimo, personal y emotivo en el que la realidad y la fantasía de los hermanos se vuelve uno mismo para mostrar la difícil vida de aquellos que tienen que dejar sus raíces atrás para que su manada crezca en otros lados, enfrentando lo desconocido.

A pesar de las dificultades que puede representar el crear un guion a base de memorias y recuerdos, el trabajo de Kishi con Luis Briones y Sofía Gómez-Córdova es destacado, siendo la base perfecta para que Martha Reyes Arias y los hermanos Maximiliano y Leonardo Nájar Márquez le den la autenticidad a sus roles que no buscan retratar tal cual la idealización de los personajes en quienes se basa este retrato migratorio.

Así, Los Lobos crea una especie de fantasía realista muy al estilo de Proyecto Florida (2017), de Sean Baker, en su estética y forma pero se distancia de ella al tocar la migración y los lazos familiares vistos desde la óptica personal del director, misma que la traslada hacia una más inocente: la de unos hermanos, un par de niños cuyo sueño americano es ir a este mágico parque de diversiones, dándose cuenta que la manada a pesar de lo difícil que la situación sea, nunca se separa.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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