La Diosa del Asfalto, de rock, chicas banda y empoderamiento

Si hay una historia muy conocida en los barrios y rincones de la Ciudad de México es aquella de la infame pandilla ochentera llamada Los Panchitos, estos muchachos, cuyos territorios abarcaban las zonas de Observatorio, Santa Fe y Tacubaya, aunque su cuna estuvo en la colonia 16 de septiembre de la Álvaro Obregón, se volvieron los chavos banda más temidos del momento.

La reputación de esta banda llegó incluso a las pantallas de cine mexicanas cuando a finales de esa década, el director Arturo Velasco realizó una versión de las historias de la calle de aquella pandilla, titulada La Banda de los Panchitos (1987), donde usando esta visión de biografía colectiva, la amenazante banda parecía sacada de la imaginación de Walter Hill y sus Guerreros (The Warriors, 1979).

Sin embargo, detrás de esta banda peligrosa también existe el relato de unas mujeres, unas chicas banda que, de alguna manera, también habían vivido estas experiencias e incluso habían formado parte de grupos femeninos similares, como el caso real y muy sonado de Las Castradoras de Santa Fe, historia que llega ahora a cines de la mano de Julián Hernández con La Diosa del Asfalto.

Alejándose nuevamente de las temáticas que caracterizaban su filmografía para seguir los pasos marcados en su anterior obra, Rencor Tatuado (2018), Hernández se alimenta de aquel cine de los años 70s y de influencias como los filmes de Valentín Trujillo o Chano Urueta para llevar a cabo este relato basado en hechos reales que se enfoca en esta pandilla de mujeres lideradas por Max (Ximena Romo), quien regresa a su barrio convertida en la vocalista de un grupo de rock.

Pero cuando esta ex chica banda vuelve a sus orígenes, los recuerdos y las verdades que durante años estuvieron ocultas saldrán a la luz cuando su pasado la alcance al reencontrarse con sus viejas compañeras y su destino: Ramira (Mabel Cadena), la Carcacha (Nelly González) y la Guama (Alejandra Herrera), para mostrarle lo que, tal vez, sea el punto final en su historia.

Una de las grandes virtudes de la cinta cae en las actuaciones de Ximena Romo como Max y Mabel Cadena en el rol de Ramira, quienes representan a las líderes de esta banda de mujeres que se rehúsan a ser víctimas en un entorno donde pareciera que la prioridad es sobrevivir. La química entre Romo y Cadena resulta fundamental pues sus roces y diferencias son las que marcan este relato de venganza radical.

Otra particularidad de este proyecto es que ésta es la primera vez que Julián Hernández no realiza el guion del filme, mismo que fue escrito por Inés Morales y Susana Quiroz, dos mujeres que de alguna forma fueron partícipes de este movimiento e incluso habían formado parte de grupos femeninos de este tipo. El director respetó el argumento y la visión de sus creadoras para hablar de un tema que el cine mexicano no ha tocado mucho en su historia.

Y es que a pesar de la crudeza de la cinta, la historia que vemos en La Diosa del Asfalto ahora más que nunca tiene una importancia que se siente muy presente. Más allá de esta premisa de enfrentar las consecuencias del pasado, presenta la trascendencia de los roles femeninos desde un enfoque más diverso e inteligente donde se demuestra que los tiempos difíciles y las dificultades que las mujeres enfrentan en esta sociedad no han parado nunca al mostrar que la problemática del abuso, la violencia y falta de equidad es constante desde hace tiempo.

Otra parte fundamental en La Diosa del Asfalto es, sin duda, la música. Con algunas composiciones originales de Jessy Bulbo, ex integrante de Las Ultrasónicas, así como clásicos del rock urbano que incluyen a Baby Batiz, Three Souls in my Mind o El Haragán y Cía. con su Muñequita Sintética, sirven para ubicarnos en esta realidad ochentera de la que forma parte esta pandilla.

A pesar de que la filmación fue un tanto complicada debido a las zonas a donde realizaron la cinta, Julián Hernández capta con buen ojo estos páramos de la clase media/baja de la zona a la que pertenecían estas chicas banda que día a día peleaban por su supervivencia. Mezclando un colorido particular en las escenas de día con unas bellas escenas nocturnas donde las luces de la ciudad lucen como distantes puntos inalcanzables para ellas, Hernández no tiene miedo en mostrar este universo complicado en una época donde la contracultura en la ciudad era poderosa, como se ha visto en Esto no es Berlín de Hari Sama o Club Internacional Aguerridos, de Leandro Córdova.

Así, La Diosa del Asfalto nos muestra lo que era ser mujer en esta particular década de rebeldía en una parte de esta gran urbe donde la marginalidad y la violencia eran pan de cada día. Rodeadas por un mundo en el que no había más que depender entre la amistad que se tenían unas a otras, esta historia nos muestra que su supervivencia se daba entre las drogas, el rock y el pandillerismo en este relato de resistencia y poder de un grupo de chicas que sólo peleaba por un lugar en medio de todo el caos para poder vivir sus vidas a su manera.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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