Mortal Kombat, un reboot hecho para fans

Antes de tomar las riendas de la saga que reafirmó la condición de Milla Jovovich como heroína de acción con Resident Evil (2002), el director Paul W. S. Anderson se unió por primera vez a esa fiebre de adaptaciones de videojuegos que se daban de topes en poder crear una adecuada versión cinematográfica de los mismos hace dieciséis años con Mortal Kombat (1995).

Originalmente creado por Midway y distribuido por Acclaim Entertainment, este juego de peleas trataba de varios personajes que buscaban ganar un torneo de artes marciales, específicamente Liu Kang, que buscaba evitar que Shang Tsung tomara posesión de la tierra. Pará 1995, año en que sale la adaptación de Anderson, la saga ya tenía una base de fans sólida que esperaba ver una cinta decente llena de violencia, gore, fatalities así como ver cobrar vida a sus personajes favoritos.

A pesar de que el resultado en taquilla no fue tan malo para una cinta que tenía más aires de serie b que de un gran blockbuster, la adaptación dividió opiniones entre críticos y fans por igual, resaltando buenas y malas cosas que hacían de esta versión algo más decente que algunas otras adaptaciones infumables como Street Fighter: La Batalla Final (de Souza, 1994) con Jean Claude Van Damme o la pésima Super Mario Bros. (Morón y Jankel, 1993), valiéndole el derecho a tener una secuela que sepultó a la franquicia por un largo tiempo en cines.

Así, de la mano de James Wan como productor y del director primerizo Simon McQuoid, aprovechando que los últimos volúmenes del videojuego en que se inspira la cinta han generado una gran popularidad, llega la nueva versión de Mortal Kombat a salas de cine, esta vez dispuestos a ser más apegados tanto a la estética como a la violencia a la que los fans están acostumbrados en la saga.

La premisa nos presenta a Cole Young (Lewis Tan), un luchador de artes marciales mixtas que vive el declive de su carrera hasta que su vida cambia al darse cuenta que forma parte de una élite de peleadores que fueron elegidos para representar a la Tierra en una pelea a muerte conocida como Mortal Kombat, torneo que han perdido con el Outworld consecutivamente y que, si llegasen a consumar una victoria más, ocasionaría el fin de nuestro mundo como lo conocemos.

La historia suena tremendamente familiar a la versión de 1995, pero aquí los personajes cambian. Haciendo énfasis en una subtrama que involucra a dos de los peleadores más queridos del videojuego, esta versión de Mortal Kombat prometía ser más allegada a los conceptos que la inspiran, cosa que ciertamente cumplen al mostrar esta vez varias movidas que causarán la emoción de los fanáticos de la saga.

También la sangre y los vestuarios apegados a las más recientes versiones del juego están presentes en esta versión, mostrando por fin fatalities en la mejor forma posible, algo que fue duramente criticado en la versión de los 90s y que aquí realizan sin miedo a la censura o la clasificación. Incluso en el diseño de producción podemos ver escenarios que son clásicos en el juego, entregando un fan service que satisfacerá a los seguidores de la franquicia gamer.

Pero no todo lo que brilla es oro. Uno de los grandes problemas en esta adaptación sigue siendo la historia, ya que el personaje de Cole es demasiado unidimensional, no genera mucha empatía y su historia es bastante hueca, sirviendo como un mero pretexto para la aparición de otro personaje con una justificación sobre explicada y predecible desde los primeros minutos de la cinta. 

Aunque McQuoid afirme que los primeros minutos son fundamentales para entender el relato de esta versión de Mortal Kombat, después se diluye hasta ser un recurso para un deus ex machina bastante obvio. La falta de profundidad en sus personajes y los cambios en algunos de ellos como Kano hacen que la película peque de tomarse muy en serio, algo que en la de los 90s no sucedía. 

No está mal que sea una cinta que busque entretener a los fans pero el desarrollo del relato ni del protagonista sirven de mucho para que esta nueva versión fluya. Si bien McQuoid trata de llenar estos huecos y absurdos con peleas, hay veces o puntos en la película que parece no avanzar del todo. Incluso hay partes, como la situación del arcano, que se vuelve un absurdo conforme pasa el tiempo hasta caer en un recurso sin sentido más que para ampliar la trama.

Incluso las actuaciones tienen algunos problemas. Aunque no se deben de tomar tan en serio, es inevitable que tanto el tono como el guion hagan que sea de esa forma. Tan no es el único que falla aquí, sino también esa unidimensionalidad de las cosas que suceden. Aunque hay algunos que merecen ser destacados como Liu Kang (Ludi Lin) y Kung Lao (Max Huang) y su química, así como Joe Taslim y Hiroyuki Sanada, artemarcialistas que lucen en las escenas que salen, los demás suelen ser mal o poco desarrollados, siendo el peor de ellos Kano (Josh Lawson) o el poco intimidante papel de Raiden (Tadanobu Asano) o Shang Tsung (Chin Han). 

Hasta las coreografías sufren de esa irregularidad en la cinta, ya que hay unas que lucen muy bien montadas pero otras carecen del detalle necesario para hacerlas sobresalir al grado de una pelea de artes marciales, género al que inherentemente pertenece Mortal Kombat. Y que decir que las frases clásicas como “Flawless Victory” o “Finish Him”, entre otras, que a pesar de que se aprecia su presencia, siguen sintiéndose demasiado fuera de lugar o muy caricaturezcas, pecado que también tenía a veces la película noventera.

Con todos sus pros y contras, lo que es innegable es que está versión de Mortal Kombat será un deleite para aquellos que esperaban ver al fin una digna (o más cercana) adaptación al juego de peleas que tanto aman, entregando la suficiente dosis de entretenimiento y valor estético que buscan más allá de sus tremendos problemas argumentales, algo que tal vez los fans ignoren ante la fuerza de los golpes y el gore. 

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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