Godzilla vs Kong, un entretenido choque de titanes

Dos de los monstruos gigantes más antiguos en la historia del cine se vuelven a ver las caras después de su primer enfrentamiento, patrocinado esa vez por los estudios Toho que consiguió la licencia para usar a King Kong por parte de Universal Studios para darle al público una de las cintas de Godzilla más taquilleras de la era Showa.

Y aunque en ese entonces hubo una especie de claro ganador entre ellos, casi 60 años después la cosa parece ser distinta ya que ambos titanes no sólo se plantarán cara entre ellos, sino que también habrá una amenaza mucho más grande que la del Rey de los Monstruos japonés y el Dios de la Isla Calavera rondando por la faz de la Tierra.

Godzilla vs. Kong, cuarta película del ‘Monsterverse’ que comenzó con la nueva visión de Godzilla realizada por Gareth Edwards en el 2014, entrega justo lo que los fanáticos esperaban y que no se dio muy bien en el anterior filme del Rey de los Monstruos: acción pura, peleas de gran talla y efectos especiales efectivos que complementan el morbo del público para ver esta pelea soñada.

Godzilla reaparece después de vencer a King Ghidora y coronarse como el Titán Alfa del mundo para atacar unas instalaciones americanas. Esto hace que los humanos pongan alerta y se cuestionen porqué después de pelear para protegerlos, pareciera que ahora ya no está de su lado. Por otra parte, Kong vive refugiado en su propia isla, aislado de las amenazas pero pronto tendrá que salir para poder detener las malas intenciones del monstruoso reptil y tal vez ser la clave para salvar al mundo.

La premisa es bastante simple pero otorga interesantes vistazos, sobre todo para el desarrollo de Kong a quien en este universo sólo habíamos visto en La Isla Calavera de Vogt Roberts en el 2017. Es su historia la que nos muestra un poco más de esta ya envejecida criatura, sus orígenes y esa sub trama que remite no sólo al universo de los monstruos al que pertenece ahora sino que hace guiños a esos años 30s en los cuales fue originalmente creada.

Y es que Kong sale de aquella década en que los kaijus orientales aún no dominaban el mundo pero ya hacían sus pininos en cintas inspiradas en historias como El Mundo Perdido de Sir Arthur Conan Doyle, misma que fue adaptada a cines en el año de 1925 con los efectos especiales en stop motion de Willis O’Brien, mentor de Ray HarryHausen, donde enormes animales prehistóricos dominaban las tierras y cernían su amenaza encima de los seres humanos cuya esencia se percibe mucho en este filme.

Una de las virtudes de la cinta es que Adam Wingard comprende perfectamente lo que el espectador espera de un filme como éstos: ver a dos monstruos golpear y destruir lo que encuentran a su paso sin mayor pretensión que la acción, misma que está justificada por una muy frágil explicación que involucra a un villano humano bastante patético que busca emular lo que, curiosamente, algunas viejas cintas de Godzilla tienen: los empresarios ambiciosos, corruptos que buscan solo tener poder sin pensar en las consecuencias.

Otro gran acierto son los efectos especiales que hacen lucir la batalla entre estos titanes de manera efectiva, remitiendo en cuanto al estilo y los colores un poco a aquel homenaje a los kaijus y los mechas de Guillermo del Toro titulado Pacific Rim (2013). Además, la banda sonora de Junkie XL tiene buenos momentos pero es opacada por el sonido de la destrucción y las batallas, haciendo que no luzca mucho salvo en ciertas ocasiones.

Aunque el villano “sorpresa” se mantuvo mucho tiempo en secreto, no cabe duda que la aparición de cierto Mecha resulta impresionante. Si bien sus orígenes son diferentes a los originalmente presentados en la Era Showa de Godzilla, donde obedecía a los planes de una raza extraterrestre para intentar gobernar la tierra y se apegan más a la idea formada en la Era Heisei en los 90s como una máquina de defensa contra el Rey de los Monstruos, su aparición resulta breve pero imponente.

El gran problema de Godzilla vs. Kong, como suele pasar en estas cintas de monstruos, recae en el pobre o nulo desarrollo de las historias de los protagonistas humanos. Si bien en la anterior secuela de Godzilla el dilema caía en lo aburrido de su presencia, en esta ocasión funcionan como meros pretextos para las acciones que detonan en lo que hacen Kong y Godzilla, cayendo más en la ridiculez y tontería que en la aburrición en muchos casos.

A pesar de ello, Godzilla vs Kong resulta ser una película que cumple el propósito de mostrar una batalla que luzca bastante bien en una especie de revancha para los más acérrimos fans de estos kaijus que, sin duda, son los más grandes de la historia del cine y, de paso, demostrar que lo que Hollywood y la gente necesitaba para regresar a los cines era un choque de titanes espectacular que se disfruta con creces en la pantalla grande.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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