Fauna: Nicolás Pereda a la luz de Twin Peaks

Por Ramsés M. Luna

Si partimos de la idea de que el espectador/consumidor de cine y series hoy en día no es pasivo sino participativo y posible actante en función de la recepción e interpretación -consciente o no- del contenido visto/experimentado, podemos tener un poco de claridad frente a la pregunta de por qué las actividades sociales más comunes de nuestra cotidianidad se muestran como un reflejo ante dichos contenidos, en tanto representaciones cada vez más violentas.

Una discusión trivial de pareja dentro de un auto, el encuentro incómodo entre dos cuñados, una comida familiar en el contexto de un pueblo al norte de México donde la convivencia general se presume muy poco empática y más bien estimulada por la presencia de un actor que forma parte del elenco de una narcoserie, son algunas de las situaciones que propone Nicolás Pereda (Verano de Goliat, 2010; Los mejores temas, 2012; Minotauro, 2015) en Fauna (2020) para lanzar un cuestionamiento a todas luces vigente: ¿de qué manera afectan las representaciones de la violencia en los medios audiovisuales a las y los espectadores que los consumen?

Paco (Francisco Barreiro) es acompañante de Luisa (Luisa Pardo) en la visita que ella y su hermano Gabino (Gabino Rodríguez) hacen a sus padres. Durante su estancia, el padre de ambos pide a Paco recrear una escena de su papel en la serie Narcos: México (Netflix, 2018; el actor interpreta en la vida real al narcotraficante mexicano Francisco Arellano Félix en dicha serie), llegando a fastidiarlo por lo agresivo y repetitivo de sus exigencias. El señor no queda satisfecho con la representación cercana a la teatralidad que brinda el actor, quien decide ocupar ampliamente el espacio en el que se encuentran, sino que necesita verlo de cerca, como si deseara tener enfrente una pantalla o dispositivo móvil y sentir la experiencia individual propia de los tiempos que nos ocupan.

Luisa está nerviosa por una próxima audición actoral cuyas líneas no ha memorizado del todo bien, por lo que decide repasarlas a mitad de la noche con su madre. Se trata de una escena de Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978, Ingmar Bergman), misma que representan madre e hija en una suerte de calca al plano filmado por Bergman en 1978. Este pequeño juego metacinematográfico -que no resulta nuevo en la filmografía del director-, encaja perfecto dentro del gran truco metarrealista al que nos lleva en lo que parece ser el cúlmen de su escritura fílmica, alcanzando una profunda organicidad entre los dispositivos de representación de realidad que ha utilizado a lo largo de su carrera, y que lo han puesto en una línea delgadísima entre el documental y la ficción cinematográfica.

Es Gabino quien detonará la fractura principal del relato cuando se hastía de la tensión que significa su entorno y quienes le rodean, por lo que decide inventarse un plano de realidad alterno en el que los motivos y acciones de las y los actantes se asemejan a la trama de una serie convencional de narcos extraída, en un inicio, de un libro de bolsillo y combinada con elementos de su propia realidad. En dicha fuga, entre onírica y literaria, deja de manifiesto que no hay lugar seguro al cual escapar en el mundo como lo percibimos hoy; la visión barroca de la sociedad como representación teatral ha dado paso a la idea de la vida como una representación cinematográfica, hoy difuminada con la de los contenidos de televisión y streaming, plagados de severidad y violencia. 

¿Quién es el soñador?

En mayo de 2017 se estrenó la tercera temporada de Twin Peaks (1990-1991, David Lynch, Mark Frost), serie de televisión estadounidense que supuso un antes y un después en la forma de contar historias para la pequeña pantalla, y que adquirió rápidamente tantos entusiastas como detractores. Atendemos a la abstracción total del lenguaje de un director que ha dedicado buena parte de su obra a la experimentación formal y narrativa, que ha explorado los recovecos de la psique humana a través de historias densas, personajes atormentados y cargas fuertes de violencia y surrealismo.

En los episodios finales de Twin Peaks, se dejan ver con claridad algunas de las reflexiones principales planteadas a lo largo de un universo audiovisual conformado por tres temporadas televisivas y una película: ¿En qué lugar se encuentra el espectador respecto a la obra que observa? ¿Hasta qué punto puede intervenir en el relato? ¿Cuándo deja de ser un relato y se convierte en nuestra propia realidad? Las mismas reflexiones se encuentran en el Pereda de Fauna.

Mientras Lynch desafía los límites del relato televisivo imponiendo estructuras cinematográficas en él, Pereda desarrolla, en setenta minutos de cine, una crítica cómica con tintes surrealistas a los seriales actuales y la forma en la que representan algo tan delicado como la violencia en el contexto del México actual, y cómo estos contenidos han invadido el imaginario popular mexicano.

A partir del escape onírico de Gabino, éste y Luisa se convierten en personajes creados por él mismo -a su vez personaje de Fauna-, tal como hicieran en Twin Peaks el agente Cooper y Laura Palmer al no encontrar respuestas a su propia existencia y transmutar en Richard y Carrie, habitantes de otra realidad, más hostil y misteriosa, cercana a la que plantea Pereda para sus personajes, en donde conviven elementos de su realidad “real” (la diégesis de la película) y la nueva realidad, semejante a la ficción televisiva.

El final de este mestizaje de universos termina cuando los meta-personajes representados por Gabino y Luisa viajan a la deriva en un auto a través de la noche oscura mientras la voz en off del Gabino real (el de Fauna, pues), se hace presente, indicando un poder sobre esos entes “soñados” por él y, con un clarísimo guiño final al secreto eterno que Laura Palmer susurra al oído al agente Cooper, nos deja con más preguntas que respuestas ante las reflexiones planteadas.

Simbólicamente, Gabino le obsequia a su hermana el libro del que supuestamente ha tomado la historia y le pide que le cuente después cómo termina.

Pareciera hablarle a las y los espectadores del futuro.

Al salir de esta baraja de representaciones, caeremos en cuenta de que se trata, al final, de la mirada de Nicolás Pereda ocupando el lugar del “soñador” que nos invita a esta Fauna de reflejos; que lanza preguntas y nos enfrenta con diversas problemáticas normalizadas hoy en día, para las que no propone ninguna solución facilona y moralista como la cancelación de las narcoseries y compañía, más bien, nos hace cómplices de su visión crítica al ponernos en el ojo de un huracán que parece no tener fin.

Fauna compita en la sección Atlas de la décimo primera edición del Festival Internacional de Cine UNAM.

Sinopsis:

Luisa y Gabino visitan a sus padres en un pueblo minero en el norte de México. Paco, el novio de Luisa, provoca el único interés del padre en ellos al actuar el papel de un narco. Para hacer frente a las tensiones familiares, Gabino imagina una realidad paralela de detectives y crimen organizado. Una versión astuta y cómica de cómo la violencia se ha infiltrado en la imaginación popular de México.

Ficha técnica:

Año: 2020
Color
Duración: 70 min.
País: Canadá – México
Director: Nicolás Pereda
Reparto: Lázaro Gabino Rodríguez, Luisa Pardo, Francisco Barreiro, Teresita Sánchez, José Rodríguez López, Mariana Villegas, Fernando Álvarez Rebeil, Extras: Aarón Velázquez, Brandon Medina
Guión: Nicolás Pereda
Productor: Nicolás Pereda
Fotografía: Mariel Baqueiro
Edición: Nicolás Pereda
Música: Teresita Sánchez
Sonido: Pablo Cervera

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