Raya y el Último Dragón, de aventuras, dragones y un bello mensaje

Desde hace casi 100 años, The Walt Disney Company y sus animaciones han dado mucho de qué hablar en el mundo de la animación. Caracterizándose por realizar cortos muy al estilo de los ‘cartoons’ de la época, fue hasta que ‘Steamboat Willie’ hizo presencia en 1928 que el panorama cambiaría, lanzando a Mickey Mouse a la fama y a Disney en las grandes ligas.

Su historia seguiría el camino hasta ser la primer productora que realizara un largometraje animado. Inspirándose en el popular cuento de los hermanos Grimm, Disney lanzaría Blanca Nieves y los 7 Enanos en 1938, comenzando así una larga tradición de clásicos donde la magia de esas historias se volvía realidad y, a su vez, generaba a la primer princesa de este estudio.

Después de muchos años, las princesas de Disney siguen vigentes y ahora toca el turno de conocer a una más en Raya, una joven que tendrá la difícil misión de encontrar al último dragón que salvó a su pueblo de los malvados Drunn y de paso tratar de unificar a los cinco pueblos que forman a Kumandra en un relato fantástico que mezcla mucho de las cintas clásicas del estudio.

Sin duda una de las principales virtudes en esta producción es la calidad de la animación, algo en lo que Disney no suele decepcionar. Basta ver el diseño de cada una de las tierras que forman a Kumandra, donde tienen características que las hacen únicas y dan ese aspecto a ciertos países o poblados asiáticos a los que hace alusión la cinta.

Sin embargo, no es del todo así con los personajes, algo que viene desde el diseño mismo donde hay algunos que parecen ser sacados de otros filmes del mismo estudio, dándoles una personalidad que si bien puede ser propia no llega a sentirse auténtica. Hay algunos que, incluso, pueden volverse odiosos o irrelevantes, como ese peculiar bebé y sus tres simios cuya dinámica remite a los Pingüinos de Madagascar o incluso a la de los pequeños hermanos oso de Valiente, pero sin su gracia.

En contraparte, podemos ver a los dragones, sobre todo en el caso de Sisu, una especial técnica que remite al diseño de las criaturas vistos desde la óptica de la cultura china, alejándose de la conceptualización vista anteriormente en sagas como la trilogía de Como Entrenar a Tu Dragón, dándole una estética particular que además se adapta a los gestos y personalidad de quien le da la voz en inglés, la actriz y cantante Awkwafina (en español, el trabajo de doblaje lo realiza Carla Medina). 

Otro gran acierto es la musicalización de James Newton Howard, compositor que es sinónimo de buenas bandas sonoras que además está familiarizado con el género de la aventura, ya sea fantástica (King Kong) o dramática (Noticias del Gran Mundo). Aquí, su partitura es clave para meternos de lleno en el relato, un perfecto acompañante para los mundos creados por los directores de la cinta en este viaje, encajando perfectamente en la travesía de Raya y sus compañeros así como en los momentos de mayor tensión, acción o drama. 

El gran problema de Raya recae en su relato, mismo que peca de una simpleza bárbara y hasta un tanto sobre explicada, mas allá de ese gran mensaje final que involucra la importancia de la amistad, los valores y sobre todo la unión que sobresale más allá de las diferencias. Y es que tal vez lo más complejo en su argumento sea que el villano es el humano mismo con sus dudas, desconfianza y rencor, algo que se ve marcado en los hechos del relato representado por los Drunn.

Otra situación es que Raya, con la voz en español de la cantante y actriz Danna Paola, a diferencia de otros grandes personajes como Moana, Mulan o hasta Mérida, resulta ser un mero instrumento que nos lleva del punto inicial de esta aventura hasta su punto climático donde el mensaje típico de la fórmula Disney hace su gran acto de presencia. Esta situación hace que incluso sus compañeros de viaje, la misma dragona Sisu o hasta la antagonista de la cinta, Namaari, se sientan con mayor presencia que la misma protagonista. 

A todas luces, Raya y el Último Dragón es una aventura fantástica animada que remite a muchos clásicos, pero sobre todo a esa fórmula de antaño que tanto le ha funcionado a Disney. Más allá de lo lineal y predecible que pueda ser, el filme animado no carece de buenas secuencias de acción o aventura además de ofrecer momentos que van de lo emotivo a lo divertido para pasarla en familia, algo que suele ser el propósito de esta casa productora y que en esta cinta cumple aunque no de manera tan brillante como en otros grandes proyectos animados. 

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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