Luz: La Flor del Mal, religión, dolor, sanación y un toque de Jodorowsky

En el año 2019, una cinta colombiana del director Juan Diego Escobar Alzate hacia su debut en el Festival SITGES para después pasar por México, en donde gracias al Festival Mórbido se proyectó por primera vez Luz: La Flor del Mal, haciéndose acreedora al premio de la Calavera de Plata como Mejor Película Iberoamericana en este certamen.

Un año después de su paso por aclamados festivales, esta ópera prima de Escobar Alzate llega a salas de cine comercial en México para levantarnos cuestiones existencialistas de una forma estilística bastante particular al enfrentarnos ante la belleza y el horror no sólo de la naturaleza sino también de nuestra humanidad, pasándola por una feroz crítica hacia el fanatismo religioso y la doble moral que genera.

La cinta nos lleva a una comunidad alejada en las montañas donde un profeta llamado El Señor (Conrado Osorio) predica la palabra de Dios en busca de la llegada del nuevo Mesías que los ayude a salvar sus tierras. Pero en esta constante búsqueda y adoctrinamiento, se encontrará por un camino que llevará a él y sus hijas “vírgenes”, Uma (Yuri Vargas), Zion (Sharon Guzmán) y Laila (Andrea Esquivel) hacia un doloroso autodescubrimiento que los hará cuestionar sus propias creencias y a la naturaleza humana misma.

Una de las cosas más bellas que tiene este filme colombiano es la corrección de color que le da un sentido estético interesante a todo el filme. Retomando aquel subgénero alemán del Heimatfilme, que destacaba los paisajes más coloridos del lugar donde sucedían las cosas, mezclándose un poco con una mirada casi fantástica a lo Mago de Oz y una profundidad simbólica muy a lo Jodorowsky, el director crea este universo en el filme mostrando constantemente una dualidad entre lo hermoso y terrorífico de su naturaleza.

Hay actuaciones destacadas, sobre todo la de Conrado Osorio que muestra a un Señor abnegado a sus creencias que se ve cegado por sus propios demonios, mostrando una dualidad brutal en sus actos que dictan cada paso que su comunidad da. En cuanto a las hijas, también hay un aire de dualidad, de duda y cuestionamiento que las llevará a liberarse del aparente mal que las rodea.

Pero es Yuri Vargas quien, con su Uma, transmite una gran parte de la esencia del proyecto, una sanación a través del dolor que es inherente. A su vez, Adán, interpretado por Jim Muñoz, es la representación de lo terrenal, de aquel que, como en la Biblia, está dispuesto a retar al Señor y sus dictámenes para dejarse llevar por los deseos mundanos o incluso el amor mismo por la belleza de estas mujeres.

Una de las temáticas que vemos claramente en el guión es ese manejo de la dualidad moral, donde hasta el más vil de los personajes tiene justificaciones válidas para su comportamiento, haciendo que el filme de una sensación tremendamente humana en medio de un mundo rodeado de factores fantásticos que determinan sus actos, ya sean buenos, malos o simplemente neblinosos al tambalearse entre lo correcto y lo perverso, entre lo bello y lo terrorífico.

La ambientación juega también un rol interesante ya que mas allá de la corrección del color o las cuestiones del montaje y la dirección de arte, el hecho de que se grabara en este pequeño lugar durante 22 días alejados de cualquier civilización urbana, contagia esta sensación de que en medio del silencio podemos encontrar la más divina voz, el más dulce sonido o los peores demonios internos.

En ello destaca también la labor de Juan Diego, que logra captar con su ojo y a través de la cámara esa esencia necesaria para hablar de la religión insana, de las cuestiones más humanas y algunas dudas que a veces nos pasan desapercibidas en el ajetreo del día a día urbano, además de otorgar una historia que podrá ser un tanto complicada en las intenciones líricas pero que no deja de poner el dedo en la llaga de la moralidad humana y nuestra relación con los demás, incluyendo la naturaleza misma.

Al final, Luz: La Flor del Mal resulta ser un filme que amas u odias, que puede provocarte una reflexión interna acerca de las cuestiones más básicas de la vida, de la naturaleza y nuestros actos, de la fuerza que una creencia puede provocar en exceso o simplemente un pasaje más a lo Jodorowsky con el cual no conectas. Pero es innegable que esta flor del mal es algo que no te dejará indiferente.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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