Pienso en el Final

(I’m Thinking of Ending Things, Charlie Kaufman, 2020)

Hace 21 años el guionista Charlie Kaufman saldría del formato de las comedias televisivas para hacer una mancuerna con el director Spike Jonze y entregarnos una de las cintas más extrañas, originales y memorables previo al nuevo milenio con ¿Quieres Ser John Malkovich? (1999), donde un titiritero encontraba un hueco en la pared de su oficina que lo llevaba directamente a la mente del actor John Malkovich, tomando su lugar por 15 minutos.

Esta demencial e hilarante idea dio frutos, tanto que los dos se unieron de nueva cuenta para otro filme donde la adaptación de una novela acerca de orquídeas adquirió dimensiones de comedia existencialista y crítica al sistema hollywoodense así como las crisis creativas en El Ladrón de Orquídeas (2002) donde el mismo Kaufman, interpretado en la cinta por Nicolas Cage, tenía un hermano gemelo que no existe en la vida real pero reflejaba una parte de él mismo.

Su alianza con Gondry también dio buenos frutos, siendo el más destacado esta tragedia donde un tipo común deseaba borrar todos los recuerdos de un mal de amor sin pensar en las consecuencias de ese acto, planteando así el dilema de cómo el olvido no es una solución y el dolor forja nuestro camino en ese retorcido y ácido romance que es Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (2004).

Esa vena un tanto existencialista llena de humor negro, filosofía humanista y visiones un tanto pesimistas o crudas hacen que Charlie Kaufman sea uno de esos artistas inclasificables. No hay un género que defina a este guionista convertido en director, sin embargo si encontramos una temática común muy pesimista acerca de la condición humana y los oscuros recovecos que la forman.

En su tercer largometraje como director, vuelve a demostrar estas obsesiones por la condición humana al entregarnos una de las mejores experiencias cinematográficas de este año con Pienso en el Final, basándose en una novela que mezcla justamente diálogos filosóficos con una especie de thriller psicológico escrita por Iain Reid en el 2016.

Desde el inicio de este peculiar filme, Kaufman sienta las reglas en lo visual con una fotografía que va a ser clave para tratar de desenmarañar la especie de misterio que hay detrás del relato donde una mujer joven (Jessie Buckley) se cuestiona acerca de terminar su relación con Jake (Jesse Plemmons) justo en el día en que éste le presentará a sus padres. 

A la par de estos eventos, vemos pasar la rutina de un conserje en una escuela que, aparentemente, no se relaciona con los eventos de la pareja pero que poco a poco, gracias a una edición bastante particular que juega con las líneas de tiempo y hasta espacio, va llevándonos a un intrincado relato con una conclusión enigmática que dejará a muchos pensando, justamente, en el final de esta historia y su verdadero significado. 

El oficio de Kaufman como escritor se nota, ya que podemos ver esa complejidad inherente y moralmente compleja que parece ser un sello característico de la obra en que participa. Como director, también se ven ciertas situaciones en lo visual y en el montaje de este relato que remiten tanto a su ópera prima, Synechdoque New York (2008) como a su proyecto animado Anomalisa (2015).

Las actuaciones son también fundamentales, ya que la labor de Buckley trasmite al espectador muchas sensaciones que van desde la jovial alegría a la depresión, pasando por la desesperación y el terror que le produce toda esta serie de eventos confusos y desafortunados a los que se enfrenta. 

Pero eso no sería posible sin el papel de Jake, con un Jesse Plemmons que también tiene un rol interesante, un chico que pareciera tener problemas en sus relaciones tanto amorosas como familiares que, al visitar su casa, parece despertar todo tipo de recuerdos, momentos y malos ratos que pasó con sus padres, interpretados de una forma perturbadoramente caricaturesca por Toni Collette y David Thewlis. 

Esto, aunado también a una mezcla de sonido que juega con la percepción del espectador, aunado a este guión donde si bien se presentan cambios conforme a la novela (el final, por ejemplo), respeta esa esencia de las discusiones filosóficas que van generando una tensión a la vez que cuestionan problemas como la depresión, el amor, la familia, incluso el arte y la frustración. 

Sin duda, esta atrevida apuesta de Netflix presenta un reto para el que se atreve a verla, enviando al espectador por un viaje emocional como pocas películas logran durante poco más de dos horas para entregarnos una resolución que deja más preguntas que respuestas, muy al estilo de lo que ha hecho Kaufman, poniéndonos a prueba y enfrentándonos a las cuestiones humanas de una manera realista, fatalista y dura.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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