Proyecto Power

(Project Power, Henry Joost y Ariel Schulman, 2020)

La pregunta de qué es lo que haríamos si tuviéramos algún super poder en nuestras manos se ha vuelto más común en estos años gracias al boom de las cintas basadas en los cómics y novelas gráficas donde vemos a nuestros héroes favoritos encarnados haciendo pasarela de sus dotes especiales para diversión del público.

Esta cuestión de los superpoderes es tomada ahora por Netflix para realizar una nueva cinta de acción llamada Proyecto Power, donde los directores Joost y Schulman (Nerve: Juego sin Reglas, 2016; Actividad Paranormal 3, 2011) buscan darle un giro a la visión del génesis de los superpoderes mediante una droga que te los otorga durante cinco minutos o te mata en el intento.

La historia se desarrolla en Nueva Orleans, donde está droga de nombre Power comienza a distribuirse por las calles provocando diversos resultados, ya sea para hacer el bien o el mal. Los efectos de esta mágica pastilla son seguidos de cerca por Frank (Joseph Gordon-Levitt) y su amiga “dealer”, Robin (Dominique Fishback), quienes se verán inmiscuidos en una red misteriosa que oculta las verdaderas intenciones del uso de este químico.

Joseph Gordon-Levitt y Dominique Fishback

Sin embargo, sus caminos se cruzarán con el de Art (Jamie Foxx), un ex militar que está en la búsqueda del origen del Power por motivos muy personales. Juntos, tendrán que enfrentar a los responsables de la distribución y creación de este poderoso químico hasta las últimas consecuencias.

Si bien la intención del guión de Mattson Tomlin es mostrar una versión diferente a la cuestión de tener estos poderes especiales así como sus consecuencias, para bien o para mal, lo hace de una manera que tiene todo menos originalidad al explotar los clichés ya vistos en varios cintas del género superheróico con una estética cinematográfica dinámica pero carente de sustancia.

La espectacularidad está presente en el filme en algunas secuencias de acción así como en el uso de los efectos visuales para mostrarnos estos poderes adquiridos brevemente por la gente común que toma la píldora. El problema es que esta situación se convierte en una usual película de buenos contra malos que no acaba de explotar la cuestión de origen de los poderes ni del sentido del deber moral que eso conlleva para suplirlo por un show visual que remite al cine de Michael Bay.

Proyecto Power (2020)

Aún dentro de esas convencionalidades, la estética de la cinta recuerda visualmente a lo hecho en trabajos anteriores por los directores, específicamente en esa cinta llamada Nerve: Juego sin Reglas, donde la paleta de colores tenía un gran peso. Aquí, de nueva cuenta juegan con esos factores, siendo el rojo, el amarillo y a veces el azul los que predominan la pantalla aunado a luces neón que nos hacen sentir un ambiente futurista/realista.

En cuanto a las actuaciones, Dominique Fishback tiene un buen debut como Robin, esta joven que tiene un arco dramático interesante que queda un tanto olvidado al ser mal desarrollado en la cinta. Sin embargo, la química que logra tanto con Foxx como con Gordon Levitt es de destacarse.

Al hablar de los dos protagonistas, ambos desarrollan bien el juego del “policía bueno, militar malo”, mismos que al principio son enfrentados para darse cuenta que pueden hacer un frente común ante el problema que tienen, destacando más Foxx con un papel más desarrollado que le da cierta causa y profundidad a su personaje. No así el de Gordon Levitt que pareciera obedecer más a las situaciones de los otros, siendo muy plano en sus acciones.

Y que decir de la parte de los villanos, algo que está muy mal planteado, cayendo en el cliché del malo que busca el bien mayor. Ninguno de ellos se muestra destacado y sus motivaciones resultan ser tan simplistas al grado del absurdo. Son esas cuestiones del guión los que no ayudan a que la cinta destaque más allá de la espectacularidad visual.

En ese apartado, los efectos no lucen mal. Los poderes adquiridos y la manera en cómo se desarrollan luce bien pero la explicación detrás de lo mismo resulta un tanto vacía, dejando de lado la cuestión moral del “que pasaría si” para caer en los clásicos arquetipos del bien contra el mal vistos ya antes en cantidades de cintas de cómics que van desde la saga de los X Men hasta Bloodshot.

Finalmente, este Proyecto Power carece justamente del poder de una buena historia para depender sólo de un impacto visual que en aras de contar un relato original o refrescar un poco su visión del tema heróico o de las mutaciones, cae en repetidas veces en el cliché del género y de otras producciones de esta casa de streaming que se están volviendo costumbre y comienzan a ser cansadas, fallando incluso en su principal propósito: entretener.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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